Más allá, sobre las colinas de mármol que son los poderosos músculos, se encuentra él, a punto de terminar las perfectas caracolas en forma de pelo. La cabeza es lo que más le ha costado. Terminada, ésta mira a su izquierda, buscando seguro su objetivo. El ceño fruncido y las aletas de la nariz bastante abiertas evidencian esta tensión contenida del momento anterior al combate. David está a punto de vencer a Goliat. Y Miguel Ángel nos lo muestra en todo su esplendor.